Para que el agua sea salubre y limpia, es preciso disponer de agua de calidad. Para ello, es preciso un riguroso control desde que es captada en la naturaleza para ser tratada y distribuida como agua de consumo humano.
La vigilancia de las aguas comienza antes de que sean destinadas a su consumo, protegiendo zonas específicas y evitando procesos de contaminación.
No obstante, es necesario saber que el agua en la naturaleza siempre contiene diversas sustancias disueltas; lo cual no significa necesariamente que esté contaminada. Por ejemplo, es frecuente que el tipo de terreno y las características del territorio donde son captadas, condicionen la presencia de algunas sustancias modificando su calidad.
Una vez que el agua es captada, se somete a un tratamiento de potabilización y a un control sanitario para asegurar su idoneidad. Posteriormente, el agua es distribuida a la población.
A continuación se detalla resumidamente qué es preciso controlar para que el agua llegue en las mejores condiciones a cada uno de nuestros hogares, y de que modo podemos conocer el grado de calidad del agua que bebemos.